La vida causa los mismos contratiempos y las mismas tragedias tanto a los optimistas como a los pesimistas, pero los primeros saben afrontarlos mejor”. Martin Seligman

Nuestros cerebros vienen cableados con un conjunto de emociones básicas que son alegría, sorpresa, enojo, miedo, tristeza y aversión. Éstas acompañan a los Homo sapiens sapiens desde siempre y son el resultado de miles de años de evolución. La principal función de estas emociones está directamente relacionada con la primera función del cerebro: asegurarse la supervivencia.

cerebro-optimista

En el comienzo de nuestra existencia, los peligros eran demasiados y el cerebro necesitaba tener mucho cuidado. Por ende, las emociones son respuestas excelentes para informarnos de que algo sucede y ponernos en alerta.

De lo mencionado anteriormente, se desprende que las emociones primarias no hay que enseñarlas (todas las personas del mundo las tienen, independientemente de su cultura), aunque sí debemos saber cómo reconocerlas, controlarlas y modelarlas, en el caso de que esto sea necesario.

De las emociones primarias derivan las llamadas “emociones secundarias” que, a diferencia de las primeras, necesitan de la interacción con los otros. Entre las emociones secundarias están: el amor, el optimismo, la desilusión, la compasión, el remordimiento, etc. Para muchos investigadores, de la combinación de algunas de las emociones primarias surgen las secundarias.

La educación emocional es muy importante para poder hacerlas conscientes y modelarlas; de hecho, el neurólogo Antonio Damasio expresa: “una emoción negativa puede neutralizarse con otra positiva muy fuerte fomentada desde la razón”.

Martin Seligman, padre de la psicología positiva, nos dice que el optimismo se puede enseñar y aprender y afirma que lo que deberíamos hacer es “en vez de focalizarnos en lo que está mal, enfatizar lo bueno para maximizarlo”.

Teniendo esto en cuenta, es importante que los padres y docentes muestren una actitud positiva en pos del beneficio de enseñar el optimismo: hay que alimentar el formar redes del pensamiento positivo.

El optimismo se puede aprender. La enseñanza del mismo se puede realizar en casa y en la escuela. Las instituciones educativas tienen mucho peso en esto, ya que la valoración que el docente haga de las actividades y actitudes de cada alumno son vitales para generar estrategias con el objetivo de enseñar el optimismo: buscar proyectos, cuentos, historias, películas, situaciones de la vida cotidiana que contemplen lo que sugerimos a continuación y teniendo en cuenta que ésta es una labor constante y permanente para lograr redes lo suficientemente sólidas como para acompañar a la persona durante toda su vida.

  • Invitar a los niños a que valoren todos los días de sus vidas, poniendo una actitud positiva y valorando, también, las situaciones difíciles puesto que éstas pueden resultar aprendizajes muy ricos.
  • Enseñarles a los niños a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, de lo sencillo pero hermoso, como el compartir momentos con la familia y amigos, disfrutar de los regalos de la naturaleza y de la vida.
  • Enfatizar en realizar adecuadamente los procesos, más allá de los resultados obtenidos. Poner mayor énfasis en el esfuerzo y la perseverancia.
  • La gratitud es una de las vías que conducen a la felicidad. Es importante enseñarles a los niños a agradecer lo que reciben: la comida, la familia, los amigos, la educación; las posibilidades de compartir con otros, de aprender, de respirar…
    Para fomentar este valor, una buena idea es mostrarles y que puedan observar experiencias de personas con menores posibilidades que las suyas y aún así son alegres con la vida que tienen. Además, el aprender sobre la vida de personas que han dejado huella en el mundo es muy inspirador: la vida de Helen Keller, Madre Teresa de Calcuta, etc. El conocer estas historias no sólo hace que puedan valorar lo que poseen sino que son un disparador para que ellos mismos, creativamente, logren vislumbrar qué podrían hacer para contribuir al desarrollo de la humanidad.
  • La autoestima es otro elemento determinante para ser feliz. Educar a nuestros hijos bajo el amor, la seguridad en ellos mismos y la auto aceptación será primordial en esta misión.
  • Brindarles las herramientas para que sepan afrontar sus propios retos, dejando que sean ellos los que resuelvan a la medida de sus posibilidades. Cada edad tiene sus desafíos. Del mismo modo, hay que dejar que se equivoquen, para que puedan aprender y que desarrollen la capacidad de demorar la gratificación.
  • Fomentar un ambiente alegre, optimista, en el que diariamente haya espacio para el juego, las risas y el humor.
  • El sentirse amado es muy importante para ser feliz. Las familias y docentes deben expresar el amor con gestos cariñosos como abrazos, besos y caricias.

Para lograr que los niños sean alegres y optimistas, los padres y docentes deben poner toda su voluntad en el objetivo. Y cuanto más temprano comience esta labor mucho mejor. Ésta es una tarea de años y lo ideal sería que llegada la pubertad y adolescencia los encuentre fortalecidos. Es sabido que la adolescencia es un período de desequilibrio emocional, por lo que es, justamente, en esta etapa cuando más hay que asegurarse de brindar un ambiente positivo, comprensivo y alegre.

El optimismo no consiste en la repetición de pensamientos o eslóganes felices a uno mismo; si bien estos otorgan bienestar por un momento, no ayudan a mediano plazo a lograr los objetivos”, aseguró Martin E.P. Seligman, director del Departamento de Psicología de la Universidad de Pensilvania (EE.UU.). Tras 20 años de estudio, él afirmaba que el optimismo reside “en cómo uno piensa en las causas y en las explicaciones que se dan para explicar la realidad“.

Ojalá podamos comprender que todas las situaciones -las felices y las que no lo son tanto- nos ocurren porque son inherentes a la vida del ser humano. Ojalá vivamos cada experiencia como la posibilidad de aprender, de volvernos más sabios, más inteligentes…
Con redes neuronales sólidas de pensamiento positivo que activan el circuito de recompensa natural del cerebro, hecho que nos hará más felices y permitirá que ayudemos a otras personas a que también puedan serlo.

Prof. Nse. Alejandra del Fabro

Bibliografía:

Seligman, Martin, “Learned Optimism.” New York, NY: Pocket Books. 1998.
Goleman, Daniel, “The Brain and the Emotional Intelligence: New Insights”, Kindle Edition, 2012.
Goleman, Daniel, “Emotional Intelligence: Why It Can Matter More Than IQ”, 1996.
Damasio, Antonio “En busca de Spinoza: neurobiología de la emoción y los sentimientos.” Editorial
Crítica. 2005.
Damasio, Antonio, “El error de Descartes: la emoción, la razón y el cerebro humano.” Editorial
Crítica. 2006.
Formación en Neurosicoeducación – Asociación Educar.

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