Antes de entrar al mundo de las nuevas posibilidades sugeridas por los descubrimientos de la neuroplasticidad del cerebro adulto, es importante mencionar una desventaja significativa. Una de las alternativas para que los ciegos recuperen la visión es la denominada visión artificial, en la que una microcámara capta imágenes del mundo exterior, las transforma en impulsos eléctricos, y los envía a la corteza visual a través del nervio óptico. La premisa es que esta corteza ha estado esperando un mensaje del mundo exterior durante varios años o incluso décadas.

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Pero investigaciones como las de Pascual-Leone sugieren que la corteza visual no es el mártir que sugiere este escenario. Aunque la información visual ha estado ausente durante muchos años, la corteza no ha permanecido inactiva y se ha apoderado de conexiones que procesan otros sentidos, como el del tacto y el auditivo. Estas conexiones rudimentarias se estimulan con el uso, se fortalecen, establecen nuevas vías, se mantienen ocupadas, y se encargan de toda la capacidad de procesamiento de la corteza “visual”. En consecuencia, cuando la “neuroprótesis” transmite la información visual a la corteza visual, el resultado es decepcionante, pues la persona sigue sin poder ver. “La corteza visual ya ha sufrido profundos cambios plásticos y básicamente ha cambiado de función”, dice Pascual-Leone. “Las informaciones previamente suprimidas han vuelto a surgir, y de eso se encarga la corteza visual”.

De manera semejante, las personas sordas cuyo cerebro se han reorganizado para que la corteza auditiva se convierta en el centro de recepción de la información visual, se benefician muy poco de los implantes de cóclea. Estos aparatos envían señales eléctricas a lo que una vez fue la corteza auditiva, pero esa área ya ha cambiado de función. Es como la antena de una radio que una vez estuvo sintonizada en la frecuencia A, pero se cansó de esperar señales que nunca llegaron y se sintoniza sola en la frecuencia B, y cuando la frecuencia A transmite de nuevo, el receptor ya no puede recibirlas. Lo mismo sucede con los cerebros que no han recibido información auditiva desde el nacimiento: la corteza auditiva se olvida de las señales sonoras, y antes que permanecer inactiva, comienza a procesar señales visuales. Pero si las señales auditivas comienzan a llegar de nuevo, la corteza auditiva se encargará de procesarlas.

Los científicos han comprendido y si quieren restaurarle la visión a un ciego, tendrán que trabajar con la corteza visual en su estado actual, y no como aparece en los libros. Esto implica enviarle el tipo de señales a las que se ha adaptado la neuroplasticidad, es decir, táctiles y auditivas. Este sistema, llamado “aparato de substitución sensorial”, capta imágenes visuales con una cámara pero las transforma en sonidos o en estímulos táctiles. En el caso del sonido, el aparato codifica los principales aspectos de una escena, tales como iluminación, localizaciones y sombras, valiéndose de la información auditiva. Las investigaciones apenas están comenzando, pero los primeros resultados sugieren que el cerebro de una persona ciega puede transformar estos “paisajes sonoros” en imágenes visuales.

Sharon Begley, Entrena tu Mente, cambia tu Cerebro

 

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